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Imprecisión; ¡divina comunicación!

  • Papel y Tinta


@elimparcialcom


Pablo Camberos


El argot según Francois Caradec es “un idioma artificial que surge para evitar ser comprendido por los no iniciados”. El lenguaje de la juventud es una jerga que varía continuamente, una jerga propia de cada época e, incluso, de cada lugar.


La jerga o argot es un lenguaje especial y familiar creado por un grupo para comunicarse entre sí. Hay jergas profesionales, estudiantiles, juveniles, de la gente del hampa, etc. Y cada una constituida por un vocabulario especial que suele tener particularidades fonéticas y procedimientos de derivación inusuales en la lengua común.


Pero la cuestión que hoy planteo en mi columna es: ¿La precisión  y la exactitud en el uso de la lengua nos afectaría en vez de ayudarnos?


Nuestro lenguaje, por ejemplo, ¿no es verdad? que cuando alguien dice que “algo sabe a madres” sabemos exactamente a lo que sabe. ¿Qué sentimos exactamente cuando sentimos “ñañaras”?, Cuando alguien nos dice “voy vengo” y sabemos que va y viene. Ahora, a dónde, eso sí quién sabe.


-Sírveme una para hombre-, le pido al cantinero. Él sin saber cómo, pero me la sirve al “pelo”. Salgo de la cantina apresurado y le digo al del taxi -váyase “echo la raya”- y me mira feo por el retrovisor,- diría yo,- con “ojos de pistola”.


Qué sería de nosotros si exigiéramos precisión en nuestro lenguaje. Quieres más ejemplos de que la imprecisión ayuda. Pregúntale a tú Dulcinea, ¿Como de aquí a dónde me quieres? Y con seguridad, ella responde ¡uuuy!


“La cosa está de sushi”, nos comenta alguien, y por mucho que nos guste ese platillo japonés, nos deja preocupados.


Alguien sabe, así sea, aproximadamente, ¿Cuánto pesa un madral? Lo mismo ocurre cuando nos mandan al “carajo” o aún más lejos. Nadie sabe exactamente dónde queda ese sitio. Sin embargo, nos incomodamos y entablamos pleitos que nos pueden llevar a la muerte.


Por qué nos contestan “dos que tres” cuando preguntamos ¿Cómo estás?


Nuestra madre nos ordenaba comer como “Dios manda” y de inmediato nos enderezábamos y usábamos los cubiertos.


Dónde queda ese “por ahí”, cuando preguntamos por la ubicación de algo que buscamos y que puede ser algo tan pequeño como un centavo o tan grande como una calle. Cuánto es un “chorrito” y una “pizquita”.


Abundan los ejemplos de como es la imprecisión y no la tan prestigiada precisión lo que nos ayuda a comunicarnos, a vivir. Por lo pronto “ahí la dejamos”.


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