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Irresponsabilidad hídrica de todos

  • Sin forma ni fondo


@Mercados21


Iván Vargas


“El hombre es un pretexto del agua para poder moverse.”

Rodrigo Fresán


A poco más de tres meses para el día cero, 26 junio según el Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM), en el que se estima quedará completamente seco el sistema Cutzamala que provee agua potable a gran parte de la Ciudad y el Estado de México, pareciera que el problema no existe o que simplemente esperamos que se solucione mágicamente. En el inconsciente colectivo ronda la idea de la escasez, pero pareciera que no entendemos las implicaciones reales y casi a la vuelta de la esquina que tendremos que afrontar tarde o temprano.


Solemos asociar el ahorro de agua con temas relacionados al tiempo en la ducha, atender las goteras o no barrer el pavimento con la manguera, y son importantes, sin embargo hay muchas otras acciones que son igual o más importantes en el impacto ambiental, pero que regularmente ignoramos o no relacionamos con esta problemática.


Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua) en su estudio “El agua virtual y la huella hídrica” producir un litro de cerveza conlleva cerca de 300 litros de agua, quince garrafones para un litro suena alarmante y lo es. Si a esto sumamos algunos ejemplos más veremos que la proporción de nuestro propio consumo resulta escandaloso.


Para un kilo de papas se necesitan 250 litros de agua, 135 para un huevo de gallina o 700 para un kilo de manzanas. Para un kilo de azúcar se necesitan mil 500, cinco mil 60 para un kilo de queso, 21 mil para un kilo de café y una sola vaca requiere cerca de ¡3 millones 100 mil litros de agua! hasta el momento en que es sacrificada. Incluso el chip que lleva el celular o la PC en la que lees esta columna requirió cerca de 32 litros de agua para su producción, sin mencionar los pantalones que llevas puestos y mil cosas más que exigen y agotan los recursos hídricos en su manufactura.


La cuenta personal de consumo para muchos con estos ejemplos ya sería estrambótica. Si extrapolamos estás cuentas a una colonia, un estado o un país, las proporciones se vuelven bíblicas y llevarlo a nivel mundial da vértigo. Con estos pocos datos ya podemos ver la profundidad de lo que implica nuestro consumo y el impacto de nuestras decisiones personales directamente en el ambiente, es más importante de lo que podríamos pensar.


Además del consumo, otro tema grave es la contaminación, incluso en el punto más recóndito de la tierra al que el hombre ha accedido, la Fosa de las Marianas, se ha encontrado basura plástica. Un dato esclarecedor y preocupante lo brinda la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) al afirmar que un litro de aceite usado puede contaminar hasta 40 mil litros de agua y la mayoría de las cocinas en el país no

cuentan con un método que prevea esta problemática para evitar que los residuos lleguen a cuerpos de agua a través del drenaje.


Si se quiere ser aún más inquisitivo y escalar la óptica en la búsqueda de un panorama aún más sombrío, se puede citar el estudio realizado por la facultad de Ingeniería y Ciencias Físicas de la Universidad de Surrey, el cual encontró que una sola batería de teléfono celular puede contaminar cerca de ¡600 mil litros de agua! El reciclaje de este tipo de desechos es deficiente por decir lo menos y no es raro que terminen en ríos y lagos. Hoy en día todo el mundo tiene un celular, algunos dos o más, y muchos incluso, cambian de modelo varias veces durante un solo año.


El tema de la contaminación es extenso y requiere un espacio más amplio, pero como antes con el consumo, con tan solo estos dos datos puntuales podemos entender mejor nuestro impacto real en el entorno y nuestro papel activo (consciente o inconscientemente) en el cuidado o desperdicio de agua.


Es innegable que tenemos una responsabilidad social y no deberíamos evadirla por el bien de todos. Si algo debería preocuparnos como especie, más allá de patriotismos, etnias, color de piel, religión, posturas políticas o intelectuales, es el inminente y peligroso estrés hídrico que enfrenta el mundo. La sequía no es un problema de unos cuantos, nos compete a todos.


Hoy nos enfocamos en el consumo personal del individuo para dejar claro que nuestra huella ecológica es innegable y deberíamos intentar reducirla al máximo con cada una de nuestras acciones. Sin embargo, el consumo de las personas no es, ni de lejos, el mayor problema en este rubro.


Las empresas son responsables de un uso indiscriminado de este valioso recurso. En la siguiente columna abordaremos el nefasto impacto y las malas prácticas de muchas compañías que abiertamente abusan, agotan y contaminan los mantos acuíferos sin ningún tipo de reparo. En el colmo de las cosas, no pagan casi nada por ello y encima vuelcan el discurso general de la escasez señalando al ciudadano, sin afrontar directamente su impacto en esta crisis.


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