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La barbarie del instinto por encima de la razón

  • Sin forma ni fondo


@ReaAsociacion


Iván Vargas


Hoy que la creatividad, el pensamiento crítico o la aceptación de los propios límites aparecen como un acto revolucionario o contradictorio a los preceptos de la era digital, parece pertinente hacer una pausa y replantearse la forma en que esta nueva era ha ejercido un control total sobre la sociedad, sus opiniones, comportamientos o creencias. Sería bueno preguntarse (por lo menos una vez) si las bondades que nos ofrecen son en verdad un avance para la humanidad, o si, por el contrario, representan una poderosísima arma que no estamos preparados para manejar, corriendo el riesgo de dispararnos a nosotros mismos.


Asumir esto es difícil pues implica un acto de humildad que nos exige un voto de desconfianza ante nosotros mismos, nos plantea la idea de ver el avance como un retroceso y eso siempre es frustrante pues representa un fracaso, mismo que es más fácil ignorar o (como ahora lo vemos) alabar, antes que criticar. Sin embargo, esta idea contrastada con la realidad, no parece tan descabellada cómo podría pensarse.


A nivel local, por ejemplo, usamos las redes sociales para dar likes a memes, pero no para alzar la voz por temas de suma importancia como la corrupción, la impunidad o la carnicería de muertos, secuestrados y desaparecidos en la que vivimos los ciudadanos de este país, misma que nos ha insensibilizado hasta extremos vergonzosos. Inertes con la cámara encendida grabamos injusticias, violencia y muerte sin intervenir e incluso más, riéndonos de ello. Un reflejo fiel de esto son los memes que toman a las víctimas de feminicidios o asesinados por el narcotráfico para mofarse de algún tema en particular, los narcocorridos que abiertamente hacen apología del delito o la impunidad con la que se exhiben los delincuentes ante su público, pues tristemente se han convertido en modelos a seguir.


Imagen decadente de una sociedad con pocos valores humanos y nula sensibilidad cívica, que valora poco la vida, la educación o el intelecto, y adopta (incluso con cierto gusto, habría que decir) la ignorancia como modelo, la violencia cómo lenguaje y la fuerza como discurso. Un retroceso a la barbarie del instinto por encima de la razón. Habría que preguntarse qué papel tiene la era digital en todo esto y cuál es su objetivo, pues se ha convertido en un poderoso medio de difusión que, lejos de regular estas conductas, parece estarlas fomentando a través de sus algoritmos: se reprime y censura cualquier contenido con la palabra Hitler, pero al mismo tiempo se admiten videos de contenido explicito en el que se decapita o tortura a una persona, se hace apología al narcotráfico o un(a) menor aparece bailando en calzoncillos, sin que esto alarme a nadie.


La estética, el arte y los medios nos son ajenos a este fenómeno del que, más bien, parecen haberse contagiado. Hoy la nobleza es interpretada como debilidad y la virtud o calidad en el contenido cómo algo anticuado. Ser contemporáneo muchas veces es sinónimo de caer en lo vulgar (Karely Ruiz), rayar en lo grotesco (El Escorpión Dorado) o de plano, sumergirse en lo repugnante (Bellakath). Se estima en poco la creatividad y el pensamiento crítico se interpreta como algo ofensivo. Se censura a todo aquel que no esté de acuerdo con la mayoría y se le exhibe públicamente por el simple hecho de dar su opinión. Un ejemplo célebre es el de Alex Syntek, quien fue ridiculizado y lapidado en las redes sociales simplemente por expresar su descontento con el reggaetón.


Estás actitudes sorprenden en una generación que se dice de mente abierta, pero al mismo tiempo es incapaz de digerir la crítica que plantea un punto de vista diferente. Surgen como un espejo de la mecánica en redes sociales, que se publicitan como medios públicos, pero se gestionan como privados. Una visión peligrosa y miope que no da lugar a la discrepancia, frenando así el siempre necesario debate que nos

permita una sana dialéctica en busca de la verdad y la excelencia estética, intelectual y el avance de la especie en general.


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El contenido intelectual de los artículos de opinión publicados en este portal de noticias universitario son responsabilidad de los autores y no reflejan el punto de vista del Editor ni del Sistema Informativo del Centro Universitario en Periodismo y Publicidad.


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