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¿LamborJimmy o camioneta vieja con tumbaburros?



Marco Claverán


La dirección técnica de la Selección Mexicana de fútbol ha sido un dolor de cabeza para federativos y dueños de equipos en nuestro país; y es que desde la gestión de Ricardo La Volpe --2003 a 2006--, donde se vio en aquella Copa Confederaciones de 2005 al igual que en el Mundial de 2006 un nivel competitivo, no se ha vuelto a ver un equipo que gane y guste, una escuadra que más allá de sus individualidades juegue en grupo y tenga una identidad –difícil pensar que un argentino definiera la identidad de juego de la Selección azteca–.


La fórmula del estratega extranjero para un representativo nacional parece ser música para oídos de quienes toman decisiones en nuestro país; llegaron Javier Aguirre y Miguel Herrera en su momento para disfrazar un fracaso rotundo. Para el Mundial 2018 México estuvo a las órdenes del colombiano Juan Carlos Osorio; ya sabemos lo que ocurrió. En la última justa mundialista el Director Técnico argentino, Gerardo Martino, mostró una completa ignorancia del fútbol nacional con decisiones que se vieron reflejadas en resultados.


Parece que quien entiende de fútbol puede hacer jugar a un equipo porque a final de cuentas son personas y la nacionalidad es lo de menos. Tal es el caso de Veljko Paunovic con Guadalajara, llegando a la final de la Liga MX en su primera campaña en México.


Llegó después Diego Cocca como timonel del Tri, con un bicampeonato a cuestas con el Atlas; el resultado, fracaso absoluto. Es ahí donde nos tenemos que poner a reflexionar. Martino dirigió al Barcelona, Eriksson, estratega con recorrido impecable europeo y Cocca joven técnico con éxitos en su currículum ¿Por qué no cuajan dirigiendo a México?


En la historia, ninguna selección ha ganado la Copa del Mundo con un técnico extranjero. La dirección de un equipo nacional es más que imponer un sistema de juego, una estrategia. Se tiene que tener un pleno conocimiento de la cultura del país; de su sociedad, su antropología, entre otras cosas importantes. De esa manera a los directivos les corresponde crear un proyecto, al estratega crear un sistema de juego y a los jugadores desarrollarse de acuerdo con estas dos circunstancias para de esa manera ver nacer una identidad.


La identidad de juego es lo que ha hecho campeones del mundo a Italia y a España. Italia practicó el catenaccio por años, un juego sumamente defensivo con jugadores ofensivos técnicos con un porcentaje de efectividad de gol altamente elevado. Después, innovó con un sistema de líneas amalgamadas, con presión alta por lapsos y una transición ofensiva efectiva; en lapsos, ya ganando, un sistema defensivo, con las líneas juntas haciendo transiciones defensivas donde el contención puede jugar de lateral o de delantero y el parado táctico del equipo es el mismo.

Qué decir de España, la evolución del fútbol total. Cientos de toques de balón, paredes, un juego a máxima velocidad donde el que corre es el balón. En resumen, ambos seleccionados tienen una identidad.


Y no es que un Director Técnico extranjero no pueda tener éxito con un combinado nacional, no obstante, cuantitativamente hablando, ahí están las estadísticas.


¿Qué ocurre con el interinato de Jaime Lozano? La Selección ha ganado en esta Copa Oro, en momentos ha gustado, sin embargo, es un espejismo. Le viene de maravilla a México alguien que haya mamado la patria. El Jimmy podrá entender o no el contexto sociológico, conocer o no de identidades de juego de un país; aquí el punto es que ha ganado debido a una defensa compuesta por Johan Vázquez, jugador con bagaje en Italia y César Montes, elemento con reciente juego en el Espanyol de La Liga, ese ha sido su pilar. Más que un "LamborJimmy" parece una camioneta vieja que tiene una gran defensa de acero y con tumbaburros.


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