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LO QUE DEBERÍA SER - Ahora sí tuvieron que ponerse las pilas



Jorge Loureiro García


Es indudable que la 4T se ha visto en la necesidad de “ponerse las pilas”. No es de extrañarse que ante la visita de López Obrador al mandatario estadounidense Joe Biden, el pasado 12 de julio, dejó atrás el berrinche de nuestro presidente ante la ausencia a la Cumbre de la Américas, dado que no fueron invitados los “grandes amigos” del presidente mexicano.


Sin embargo, la visita de AMLO a Washington deja mucho qué desear. Pese al amplio despliegue publicitario que se le dio en México y que en Estados Unidos pasó sin pena ni gloria, la visita no dejó resultados significativos ni muestra un gran avance que, sin duda, el gobierno mexicano tratará de mitigar.


Este viaje surge para dejar claro que, a pesar del exabrupto de la Cumbre de las Américas, la relación entre ambos mandatarios es “buena”. Se puede pensar que AMLO fue exitoso y, de hecho él lo piensa así, el señor presidente regresa con la sensación de haber resuelto las diferencias. Y esperemos que así sea, por lo menos hasta el próximo exabrupto.


Es indudable que esta reunión se da en un muy mal momento para Biden. Pues su popularidad es de las más bajas y por ende su aceptación por los estadounidenses. Según encuesta por el New York Times, un día antes del encuentro con AMLO, su partido, considera que no debe postularse para las elecciones presidenciales del 2024.


En este entorno, de por sí negativo, personalidades importantes del partido republicano, utilizan a AMLO, quien de manera quizá inconsciente, se presta al juego para criticar las gestiones del presidente Biden. Varios congresistas importantes pidieron a Biden que, entre otras cosas, cuestionara a AMLO sobre la protección a periodistas o la inseguridad en México.


Se dieron planteamientos de forma. López Obrador de ninguna manera asimiló que su encuentro con los medios en la oficina de Biden era únicamente dar un saludo, permitir que los periodistas tomarán sus fotos y transmitir el mensaje de que la relación entre los dos países es buena. Así sucede con las visitas oficiales de otros mandatarios. El presidente mexicano, muy a su estilo, tomó ese momento de su visita para presentar sus ideas y hacer sus planteamientos. No quedó claro si hablaba con Biden o a los medios de comunicación.


Propuso, como siempre, un replanteamiento del programa a migrantes. Trató de asesorar en como ignorar a los adversarios de Biden. De manera ridícula ofreció gasolina barata y subsidiada por los mexicanos para estadounidenses en la frontera. Habló, en fin de “todo y nada” Según, había prometido hablar sobre la extradición Julian Assange, y obviamente tampoco hablo sobre su iniciativa de quitar la Estatua de la Libertad.


Lo que sí, es que nuestro mandatario regresa con la firme promesa de comprar a nuestro vecino 20 mil toneladas de leche en polvo, según porque nosotros no somos autosuficientes en ese rubro. Pero, recordemos, que esta disposición es contraria a su discurso de promover la soberanía alimentaria. Y lo más importante, que el Senado de la República, le recordó a AMLO que en 2019, habría apoyo a las cuencas lecheras de los Altos de Jalisco, precisamente para no comprar en el extranjero.


En conclusión, si el objetivo era de alguna manera mejorar la relación entre ambos países, las condiciones de vida que tienen nuestros connacionales en Estados Unidos, aportar vías legales, sin ningún riesgo para los migrantes mexicanos y centroamericanos o una mejor gestión en la frontera y sus flujos migratorios, el encuentro no arrojó resultados.

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