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Una tradición que se niega a desaparecer

OFICIO: Bolero



Javier Lether


El oficio de bolero en la Ciudad de México se ha convertido en una tradición que, pese al paso de los años y a la aparición de diversos productos de limpieza de calzado, se niega a desaparecer.


Tradicionalmente, los principales usuarios de este servicio son adultos jóvenes y de mediana edad que van de los 30 a los 50 años y que laboran en diferentes oficinas en donde una buena apariencia es necesaria.


Los boleros, auténticos limpiadores y lustradores del calzado de los mexicanos, se han ganado la vida en las calles de las principales urbes del país durante más de un siglo.

El oficio comenzó a expandirse a raíz de la Revolución Mexicana, cuando la ciudad vio una afluencia de migrantes en busca de trabajo. Durante este tiempo, comenzaron a organizarse ”lustrabotas” y, en 1936, formaron la La Unión de Aseadores de Calzado del Distrito Federal (UACDF).


Esta organización fue reconocida formalmente por el gobierno hace más de 70 años, y aún perdura.


En la capital del país tuvieron gran éxito desde la década de los veinte, y aunque es un oficio que ya no es tan popular, forma parte de la cultura y las tradiciones mexicanas.

Para saber más acerca de esta labor del lustrador de calzado, el Sistema Informativo CUPP entrevistó a Samuel Reyes, quien presta sus servicios en la Glorieta de Insurgentes desde los años 80.



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