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Verdades impuestas a través del discurso

  • Sin forma ni fondo


@capTercio


Iván Vargas


El control del discurso mediático es una herramienta efectiva y poderosa para influenciar, adoctrinar o dominar a la población. Dominarlo es controlar (casi en su totalidad) la opinión pública. Arma peligrosa en las manos equivocadas y por la cual luchan constantemente las potencias del mundo para definir y enaltecer su imagen política, económica o social.


Resulta sospechosa la hegemonía en la información que noticieros, periódicos y medios de comunicación en general transmiten. Si uno ve cualquier noticiero matutino, notará que esas mismas noticias se repiten durante el resto del día en los diferentes medios digitales o impresos. El discurso general de las noticias parece maquinado a propósito, dirigido. Sugiere una agenda tras bambalinas que responde a intereses de particulares o empresas de las cuales difícilmente sabremos sus verdaderas intenciones.


El ejemplo actual por excelencia de lo poderoso que puede ser el control del discurso público es quizá Corea del Norte. Una suerte de Gran Hermano Orwelliano en el que la información es controlada por el estado totalitario y represor, realidad distópica donde la voz del estado es ley. Es tanto el control de la información en este país, que muchos ciudadanos creen fielmente que Kim Jong-un, su líder (¿tirano?), no defeca.


Puede parecer una broma torpe, lo cierto es que una mentira repetida mil veces se vuelve una verdad. La iglesia es otro caso memorable, durante siglos persiguió y asesinó a todo aquel que osara pensar diferente o plantear ideas ajenas o contrarias a su doctrina. Todos conocemos el caso de Galileo Galilei, quién teniendo la certeza respaldada por pruebas contundentes que desbancaban la idea geocéntrica por la heliocéntrica, tuvo que dimitir de sus ideas públicamente para salvar su cabeza.


La conquista de Tenochtitlan y la evangelización de los indios representa acaso la prueba más cercana y poderosa que tenemos de este fenómeno. Un pueblo guerrero con una cosmovisión compleja y única, fue prácticamente sepultado en unas cuantas generaciones para dar paso a la visión que los españoles impusieron con su Cristo. Hoy México alberga una de las más altas concentraciones de fieles católicos en el mundo, mientras que ya prácticamente nadie sabe quién es Huichilopoztli, Coatlicue o Quetzalcóatl.


Es decir, el poder mediático de la información y su tratamiento resulta primordial en cualquiera que busque hacerse con el dominio de los demás, información es poder. De ahí el peligro de creer ciegamente en los medios de comunicación. Hoy que la mayoría sustentan sus juicios, posturas o ideas en base a la información que reciben de un televisor, la radio o un influencer, se revela lo peligroso y turbio de ésta situación.


Podríamos seguir enumerando ejemplos puntuales y contemporáneos, como el montaje de Carlos Loret de Mola en el caso Florence Cassez, la inexistente Frida Sofía que mantuvo en vilo a millones de mexicanos frente al televisor durante el colapso del Colegio Rébsamen en el terremoto de 2017 o el mismísimo “Chupacabras”, que sirvió como cortina de humo para las calamidades cometidas por Carlos Salinas de Gortari durante su gestión, pero no terminaríamos.


Deberíamos cuestionarlo todo, incluso estas líneas. Agotar el sentido crítico y el mayor número de fuentes posibles resulta indispensable para el que busca acercarse a la verdad. No existe una sola que sea absoluta, pero lo más cercano a eso aguarda siempre tras una pregunta.



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