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Desertor del formalismo literario

  • Papel y Tinta



Pablo Camberos


Cismático sería definir en una palabra al escritor que recientemente partió a otra dimensión, a otra “onda” como diría él. José Agustín se ha ido y con el autor de “Se Está Haciendo Tarde”,  parte el tiempo en el que se dio mi primer acercamiento a nuevas formas narrativas y el uso del lenguaje.


La materia o clase era Autores Clásicos, Modernos y Contemporáneos que se impartía por aquellos años 80`s en el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM. –Ciudades Desiertas es el siguiente libro que deberán leer-- nos señaló el profesor a toda la clase. La novela de José Agustín me llevó a conocer la historia de amor entre Eligio y Susana. Un relato lleno de humor y majaderías que me enfrentó a las paradojas que suponen algunas de las más notables actitudes de estos dos enamorados. El uso de un lenguaje coloquial y desenfadado en la voz de los protagonistas, me condujo, por qué no admitirlo, a mirarme en un espejo en el desajuste emocional por el que la mayoría de los jóvenes pasamos alguna vez. “El paraíso del sadomasoquismo emocional”.


Más tarde y sin que hubiera motivo alguno, me refiero a la entrega de análisis o control de lectura por encomienda de algún maestro, me “chute” otros libros del autor entre las que se encuentran las crónicas "Tragicomedia Mexicana". En José Agustín había descubierto, por fin, un autor que se atrevía a narrar con cínica y lanzada naturalidad las cosas que nos pasaban a todos a cierta edad. Esa etapa en la vida en la que sentimos y percibimos que el mundo es una constante promesa de placeres y de aventuras.


El creador de “La Tumba” nunca encajó con la academia, la formalidad y la seriedad de aquella idea arcaica sobre lo que era ser un escritor. Un escritor serio, “un buen escritor”. Diversos autores se refieren a él como el precursor de la “literatura de la onda”. Clasificación o término cuya autoría se debe a la escritora Margo Glantz con el que José Agustín nunca estuvo de acuerdo.


Con él, se va uno de los últimos recuerdos de mi novia de aquel entonces, quien me regaló y puso en mis manos “El Hotel de los Corazones Solitarios”.


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