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LA ARQUITECTURA HOSTIL EN LA CIUDAD DE MÉXICO: UNA REALIDAD QUE EXCLUYE

Por: Rodrigo Luna


En la Ciudad de México, una de las urbes más grandes y complejas de América Latina, el diseño urbano no siempre está pensado para incluir. Entre parques, estaciones y espacios públicos, hay elementos que pasan desapercibidos para muchos, pero que para otros representan una barrera constante: la llamada

"Arquitectura Hostil". Este tipo de diseño urbano consiste en modificar espacios públicos para evitar ciertos comportamientos, como dormir en bancas, permanecer mucho tiempo en un lugar o reunirse en grupo. Aunque suele justificarse como una medida de “orden” o “seguridad”, en la práctica impacta principalmente a personas en situación de calle, vendedores ambulantes y jóvenes. Uno de los ejemplos más comunes en la ciudad son las bancas con divisores metálicos en medio o con inclinaciones incómodas. A simple vista parecen un detalle de diseño, pero su función es clara: impedir que alguien se acueste.


En colonias como la Condesa o la Roma, estos elementos conviven con espacios públicos aparentemente abiertos, pero que limitan el uso prolongado. Lo mismo ocurre en estaciones del transporte público, donde los asientos están diseñados para estancias breves. Otro tipo de arquitectura hostil incluye la colocación de picos metálicos, rejillas o superficies irregulares en entradas de edificios, jardineras o bajo puentes. Estas intervenciones buscan evitar que alguien se siente o se resguarde en esos espacios. Aunque no siempre son tan visibles como en otras ciudades del mundo, en la CDMX sí existen estos recursos, sobre todo en zonas comerciales o corporativas donde se prioriza la imagen urbana.



¿Seguridad o exclusión?


El debate sobre la arquitectura hostil gira en torno a una pregunta clave: ¿se trata de una solución o de un síntoma? Por un lado, autoridades y algunos sectores como el privado o el de turismo argumentan que estas medidas ayudan a mantener el orden y a prevenir delitos. Por otro, organizaciones civiles señalan que no resuelven el problema de fondo: la desigualdad social y la falta de políticas públicas para atender a poblaciones vulnerables. De hecho, este tipo de diseño ha sido criticado a nivel global por invisibilizar a quienes más necesitan del espacio público, en lugar de generar alternativas reales de inclusión.



Una ciudad que se diseña para todos… o para algunos


La arquitectura no solo construye edificios, también define quién puede habitar la ciudad y cómo. En una metrópoli como la CDMX, donde conviven distintas realidades sociales, el diseño urbano se vuelve una herramienta política. Pensar en espacios públicos verdaderamente incluyentes implica ir más allá de bancas y parques bonitos. Significa cuestionar a quién se le permite estar, descansar y existir en la ciudad. Porque, al final, la forma en que se diseña una banca puede decir mucho más sobre una sociedad de lo que parece.





 
 
 

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