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LAS LUCHAS MOLERAS "EJEMPLO DE RESISTENCIA CULTURAL EN LOS BARRIOS MEXICANOS"

Foto y nota de Nancy Pimentel


Con lonas y carteles,  sí de esos que pegan con engrudo en los postes y paredes, se anuncian las luchas de barrio. Las coloquialmente conocidas como “luchas moleras” lo mismo convocan a los colonos del Valle de México que turistas aventurados.

Las luchas “moleras” se presentan en recintos o arenas y sobre todo en las festividades patronales de las colonias más populares. También es muy frecuente que se instalen improvisados cuadriláteros en campos llaneros, donde los luchadores encuentran la manera de exhibir su deporte y ofrecer entretenimiento a las multitudes que se arremolinan, sobre todo por ser de bajo costo o gratuitas.

El aforo en los eventos no tiene índice de comparación, algunas veces, el lugar está a reventar algunas otras las gradas apenas logran un cuarto de capacidad, pero el ánimo de los asistentes llena cualquier espacio vacío. Eso sí, las actuaciones de los luchadores dejan siempre en contentos a los asistentes.


El Jefe del Norte y EL Centauro
El Jefe del Norte y EL Centauro

Estas funciones no son solo más teatrales y divertidas que una lucha oficial por el simple hecho de estar en las entrañas populares del pueblo sino también por lo que representa para los asistentes, el desahogo de la cotidianeidad a la que se enfrentan. Los insultos llueven indiscriminados desde las gradas hacia los rudos y a los buenos, quienes sin reparo devuelven las mentadas de madre, lo que resulta en una orquesta de chiflidos y burlas de la que nadie sale ofendido.

Son inimaginables las historias que hay detrás de cada persona que pagó su boleto, por igual, llegan aficionados auténticos, que familias buscando festejar un cumpleaños. Es por eso que los luchadores ofrecen un espectáculo digno de la arena más importante del país.

Las luchas moleras no solo representan el acceso a la recreación en los barriales sino también significan un espacio de acercamiento al deporte tanto para los asistentes como para los luchadores, quienes entre llaves y escapes se hacen un espacio en el ambiente luchístico. Como es el caso de “El Jefe del Norte”, quien antes de ponerse su máscara bicolor  representó a México en lucha olímpica

Estos espectáculos sobreviven gracias a la cooperación de los propios luchadores quienes han creado su propia organización, la cual promueve y gestiona campeonatos locales y les brinda una identidad diferente.



 
 
 

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