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Modernidad: altar de las apariencias

PAPEL Y TINTA



Pablo Camberos


“Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido”. Eduardo Galeano.


Cito la frase del filósofo, escritor y periodista uruguayo cuya obra nos llama a establecer un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material. Al respecto y de acuerdo, con el también ensayista, tengo la impresión de que cada vez más, nos encontramos sumergidos en un universo donde la mercadotecnia nos ha colonizado a través del uso del lenguaje y la imagen. A qué me refiero con ello, verbigracia,  el amor-pasión se ha convertido en un fenómeno que toma nuevos matices de expresión y que ferozmente impulsa, a través del uso del lenguaje, una férrea manifestación de las “urgencias físicas” dejando de lado el cuidado de la expresión romántica.


El escritor Carlos Monsiváis destacó que la idea del habla juvenil no existe hasta la llegada de la sociedad de consumo y la existencia de una cultura juvenil que aparece tras la década de 1960. El impacto de los medios electrónicos y de los llamados reality shows, afirmó, generan frases de "gran impregnación" social que convierten las muletillas verbales en signos de época y del comportamiento más encumbrado en el consumo.


Cuando escucho a los jóvenes percibo, sin pretender generalizar, el enorme desplazamiento del hábito de la lectura, lo que comprende el mínimo uso del vocabulario. Al respecto, el mismo Monsiváis señala que "no existe una recompensa social por el hecho de hablar bien, a nadie le interesa hablar bien".


Estimado lector de la columna Papel y Tinta, retomando la frase inicial de Galeano, creo que la era moderna tiene fascinación excesiva por las apariencias. Lo superficial suele opacar lo esencial tanto de nosotros como de los demás. El peligro de este enfoque puede llevarnos a la desconexión con lo verdadero y sustancial.


Creo, que en parte, por eso nos sentimos tan solos y vacíos. Al vivir en un mundo de ilusiones huecas; sacrificamos relaciones humanas reales, esas que dan verdadero sentido a nuestras vidas en el altar de las apariencias. 


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