CON UN CORAZÓN DE FUEGO PERO NOBLE, EL JEFE VULCANO DE LA ESTACIÓN 14 NOS HABLA SOBRE SU TRAYECTORIA
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EN EL MUNDO DE LAS EMERGENCIAS, EL TIEMPO NO SE MIDE EN MINUTOS, SINO EN SEGUNDOS
Por Javier Yael Sánchez Hernández y Luis Yael Arellano Gutiérrez con fotografía de Christopher Gutiérrez

Para los elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos, la diferencia entre el éxito y la tragedia radica en una preparación física rigurosa y una capacidad de respuesta casi instintiva.
El comandante Oscar Torres, jefe de las bases que operan en las alcaldías Azcapotzalco, Iztacalco, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza y Cuauhtémoc, conoce bien esta realidad. Según explica, el peligro es una constante inherente a la profesión: desde un choque vehicular hasta incendios de gran magnitud donde cada servicio conlleva consecuencias potenciales.
Para mitigar estos riesgos, la capacitación no es opcional. Torres enfatiza que el personal debe mantener una “condición física óptima” y seguir protocolos de precaución estrictos, incluso en el trayecto hacia las emergencias el riesgo está presente; el jefe de bases reconoce que han sufrido percances viales con sus unidades, aunque afortunadamente, sin consecuencias graves hasta el momento.
A pesar de la adrenalina y el peligro constante, el orgullo por el oficio es evidente. En una revelación que mezcla el temor natural como jefe de familia, con respeto a su vocación, Torres confiesa que no le gustaría que su hijo siguiera sus pasos por lo mismo, de los riesgos que toman todos los días.

“Determinar una cifra exacta de todos los bomberos fallecidos en la Ciudad de México a lo largo de sus 170 años de historia fundado en 1855 es complejo, ya que los registros históricos han variado en precisión” comentó el jefe de base Oscar Torres”. Sin embargo se estima que entre 1914 y 2017, al menos 89 elementos han perdido la vida en el cumplimiento de su deber en la capital.
Un día "normal" en una estación de bomberos de la CDMX es una mezcla de disciplina militar y mantenimiento constante. La jornada comienza a las siete de la mañana con un cronograma estricto que incluye invariablemente:
Revisión técnica que incluye la inspección de unidades y herramientas para asegurar que todo funcione al 100%.
La "talacha" que son labores de mantenimiento y limpieza dentro de la misma estación.
El entrenamiento donde se realizan prácticas operativas para mantener
El acondicionamiento físico y aseo personal.
Sin embargo, esta rutina puede romperse en cualquier instante. Cuando suena la alarma, el equipo tiene apenas cincuenta segundos para equiparse completamente y salir en la unidad. Es en ese breve lapso donde lo aprendido se pone a prueba para poder salvar vidas.
La trayectoria del jefe de base Oscar Torres inició 1999 a la edad de veinte años y recuerda que sus superiores eran mucho más exigentes como no lo son en la actualidad.
“Era un entrenamiento y un trato mucho más duro de lo que se maneja hoy en día” comentó el volcano superior.
Al final, el comandante señaló no solo los riegos que conllevan en esta profesión pero también los sacrificios y la satisfacción que a un bombero recibe a lo largo de su trayectoria al servicio de sus conciudadanos.





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