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Mi camino por la Feria internacional del libro XXII

  • La Feria del libro celebrada en el Centro de la CDMX, llamó la atenciòn de propios y extraños.



Foto por Berenice Palma


Berenice Palma.


Llegué al Zócalo cerca de las dos de la tarde, el cielo estaba nublado desde temprano y creí que me caería un aguacerazo, pero en cuanto pisé el centro me dio un calor terrible, tal vez por la aglomeración de la gente. Cientos de personas iban y venían y yo no sabía por dónde empezar mi recorrido.

Tomé un panfleto de la carpa de información y en cuanto ubiqué los horarios, advertí que en la carpa Rosario Ibarra de Piedra se estaba llevando a cabo una conferencia muy particular, el tema era “La ciudad que queremos y uno de sus exponentes era un tal Superbarrio”, eso llamó mi atención.


Descubrí que se trataba de un hombre enmascarado de capa roja que junto a sus compañeros hablaba sobre la participación ciudadana para la lucha de nuestra ciudad “el sueño de una planeación no tiene validez, si no se trabaja en ello”.


Mi recorrido continuó en la carpa Ricardo Flores Magón donde estaba a punto de comenzar la charla con Noam Chomsky, uno de los lingüistas y filósofos más destacados de este siglo. Chomsky habló sobre “la justificada preocupación del gobierno mexicano ante el actual gobierno estadounidense que se rige por un congreso conservador, las migraciones, y el cómo es que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres”.


Finalizó la conferencia de Noam Chomsky, al salir recorrí toda la plaza ya con cierto cansancio en mis pies y una notable sed que me era difícil de ignorar, los precios de la comida de las locaciones autorizadas eran algo exagerados, en mis planes no estaba el gastar setenta pesos por un smoothie, así que compre un agua simple a una vendedora ambulante.


Retomé mis energías y seguí explorando las pequeñas carpas hasta llegar con la señora Rosio, que junto con su hija ofrecía generosos precios de obras clásicas, luego de obtener un hermoso ejemplar del “Arte de la Guerra”, a lo cual la señora Rosio me comentò “que las ventas no eran muchas pero que lo agradecía”.


Era su primer año en la Feria, así que era de esperarse que la gente se emocionara con la idea de no saber lo que iba a leer, o eso fue lo que pensé cuando vi el local de libros sorpresa que estaba a reventar. La idea de guiarse con una frase me preocupaba un poco, de modo que no me atreví a obtener uno, en cambio preferì, una película de un amado del cine mexicano (Cantinflas) de una carpa cercana.


Entonces ya por la tarde di por terminado mi recorrido y me encaminé al metro, lista para disfrutar la mercancía obtenida luego de un largo y provechoso día.


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